Cinco entrenadores, un mismo desafío: cerrar la brecha entre lo que se enseña en el aula y lo que ocurre en el terreno. En el marco del II Seminario Internacional de Entrenadores y Capacitadores en SSO, organizado por el ISEM, el taller «De la teoría a la práctica» se consolidó como el espacio clave para materializar conceptos andragógicos en el frente operativo, demostrando cómo transferir la teoría dura en conductas seguras y decisiones críticas en campo, donde se libra el verdadero partido por la vida de los colaboradores.
«¿Puedes tener un amago de fuego en casa?» Con esa pregunta cotidiana arrancó su ponencia el ingeniero Jesús Sánchez Trinidad, de la sede ISEM Pasco, quien, basándose en las ideas de Carlos Vivar sobre diseño cerebral, estructuró un método de cinco pasos basado en la confrontación y el quiebre de conciencia para evidenciar la brecha entre saber y hacer. Mediante una auditoría de la realidad, Sánchez cuestionó la falta de gestión de riesgos y desmitificó el fuego explicando de manera simple el triángulo de combustión.
La confrontación directa fue la herramienta con la que Sánchez logró que los participantes asumieran activamente el control de sus entornos. Su ponencia culminó con un llamado a transferir la responsabilidad directamente a la acción, dejando en claro que el primer paso de todo cambio de conducta —el anclaje emocional— empieza por reconocer los riesgos que se ignoran en la propia rutina, dentro y fuera del trabajo.
Capacitar no es sinónimo de generar competencia, y de esa distinción partió la ingeniera Lorena Ocampo, entrenadora de la sede ISEM Cajamarca, en su ponencia «Capacitamos o realmente generamos competencia». Ocampo defendió que la capacitación no debe terminar en un examen o un certificado escrito, sino en una conducta competente demostrada en campo, y utilizó ejemplos cotidianos de exposición al peligro, invitando a la audiencia a compartir experiencias reales de conducción y tránsito peatonal.
Conocer el estándar no basta: hay que saber actuar frente a él. Ocampo argumentó que un trabajador competente no solo conoce la norma, como el uso de arneses a partir de cierta altura, sino que es capaz de inspeccionar sus herramientas y detener la labor si detecta fallas. Para ella, el éxito de la instrucción se consolida cuando el personal tiene el coraje de parar una tarea crítica, validando así todo el proceso formativo.
Que un mensaje preventivo viaje de la sala directamente al terreno fue el objetivo central de la ponencia del ingeniero Kendy Balarezo, de la sede ISEM Trujillo. Aplicó el Método M.I.N.A., diseñado por Marcelo Muñoz, estructurando la comunicación mediante un mensaje claro, un impacto visible, una narrativa que conecta y una acción transferible. Para ilustrar su efectividad, comparó la lectura técnica de las normas de izaje contenidas en el Decreto Supremo 024 con un mensaje influyente y de fácil recordación bajo presión.
Concluyó señalando que un mensaje andragógico debe cambiar la decisión futura del trabajador, y que el verdadero éxito de un entrenador no se mide en cuánto lo recuerdan a él, sino en cuánto perdura su mensaje preventivo en la memoria de quienes lo escucharon. Prefiero que recuerden mis palabras antes que mi nombre: con esa frase resumió Balarezo el sentido último de su método.
Un consejero de seguridad virtual, inteligente y sin tecnicismos: así presentó el ingeniero Paul Escalante, de la sede ISEM Arequipa, su exposición «IA más SSO equivale a Aprendizaje Preventivo Inteligente». Escalante abordó cómo la inteligencia artificial generativa puede integrarse en los programas preventivos respetando los principios de atención, memoria y procesamiento, y presentó el demo interactivo de «NEXO», un asistente virtual en tres dimensiones diseñado para acompañar al trabajador en sus decisiones de campo.
Vivir un accidente sin sufrir sus consecuencias: esa es la promesa del simulador adaptativo que demostró Escalante. Mediante esta herramienta, el usuario aprende razonando y analizando situaciones en lugar de memorizar normas, lo que le permite ensayar virtualmente escenarios de riesgo y afinar su juicio crítico antes de enfrentarlos en la realidad, donde el margen de error es nulo.
Señalar el error humano sin mirar más allá no previene nada, advirtió el ingeniero Bruno Arrojo Casas, de la sede ISEM Lima, al abordar la «Capacitación con Responsabilidad». Citando al experto James Reason, enfatizó que atribuir un accidente únicamente al error humano, sin explorar los factores organizacionales, carece de impacto real en la prevención. Explicó que los incidentes mineros se originan en la normalización cotidiana del riesgo, cuando los trabajadores minimizan desviaciones por presiones de producción.
El cuidado mutuo, planteó Arrojo, es el único motor capaz de sostener una cultura de seguridad duradera. Conectando con las cinco palancas de seguridad de Marina Jiménez, detalló cómo la conciencia, el diálogo preventivo, la participación operativa, la confianza psicológica y la responsabilidad clara permiten transitar del simple saber a la convicción personal profunda, la única garantía real de que el trabajador regrese sano a su hogar.

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