Cuatro finalistas, una misma misión: demostrar que enseñar seguridad puede cambiar vidas. Durante el II Seminario Internacional de Entrenadores y Capacitadores en SSO, organizado por el ISEM, el Concurso T-SEG: Entrenador se consolidó como el promotor de la innovación andragógica en el sector minero. El certamen integró la evaluación de un jurado calificador y el voto electrónico en vivo de los asistentes para consagrar metodologías vivenciales destinadas a cambiar la conducta humana en el terreno operativo.
Una maqueta a escala bastó para trasladar una mina a tajo abierto al centro del auditorio. Con ella, la ingeniera Mónica Bardales Valdivia, de San Martín Contratistas Generales, ganó el primer lugar con su dinámica «Línea de Fuego». Usando réplicas de excavadoras y camiones, visibilizó las trayectorias de energía mecánica y gravitacional que configuran las zonas de influencia del peligro, y concientizó sobre los puntos ciegos de los camiones detallando las distancias críticas de riesgo a sus costados, frente y parte posterior.
El contraste entre controles blandos y duros cobró vida sobre el escenario. Mediante ejercicios dinámicos con el público, Bardales escenificó la diferencia entre el equipo de protección personal y los controles administrativos frente a los controles duros basados en la ingeniería y la eliminación de peligros. Demostró además el uso de reflectores nocturnos e involucró al auditorio bajo el coro «Ni uno menos», que terminó por sellar su presentación.
Un rescate real, ocurrido casi tres décadas atrás, se convirtió en la historia que conquistó el segundo lugar. La ingeniera ambiental Magaly Mancha Mulato obtuvo esa posición tras una exposición sobre ventilación subterránea y gestión de gases peligrosos, recurriendo al poder del storytelling para narrar cómo, en 1996, su padre, el jefe de guardia Paulino Mancha, arriesgó su vida para rescatar a un topógrafo desvanecido por gaseamiento en una chimenea en avance.
Esa anécdota familiar sirvió de puente hacia peligros invisibles como el monóxido de carbono y el dióxido de nitrógeno. Mancha integró después la dinámica lúdica «El semáforo de gases», entregando paletas tricolores al público para ensayar la toma de decisiones rápidas ante lecturas anormales o alertas del detector, y recalcó la importancia del monitoreo de la atmósfera mediante un barrido de nueve puntos en la labor antes del ingreso de cualquier trabajador.
Sostener una bola de cristal imaginaria y luego arrojarla al suelo: ese fue el ejercicio con el que la ingeniera Miriam Atencio Gómez se hizo del tercer puesto, con el tema «Liderazgo y comunicación efectiva para fortalecer la cultura y seguridad». Atencio argumentó que el verdadero liderazgo visible no radica en mandar, sino en lograr que el personal decida trabajar seguro cuando nadie lo está observando, y expuso la regla de las «3 Cs» de la comunicación segura (clara, corta y concreta).
Al ver que algunos voluntarios obedecían de forma automática por la sola jerarquía del rol —dejando caer la «bola» que representaba sus sueños y familias—, Atencio demostró algo incómodo pero necesario: que los líderes también se equivocan y que la seguridad exige confianza activa para cuestionar órdenes peligrosas. Contrastó así las instrucciones inefectivas con un modelo de influencia empático que convierte la corrección en campo en una oportunidad de aprendizaje reflexivo.
La cancha de fútbol se convirtió en aula de prevención con el ingeniero Víctor Ventosilla, quien ocupó el cuarto lugar con su dinámica deportiva «La prevención es un golazo». Ventosilla utilizó analogías del deporte para comparar la cancha de juego con las áreas operativas en las que se disputa, de manera rutinaria, el partido por la vida, invitando a cinco voluntarios al escenario para representar una alineación defensiva.
El arquero, la última línea de defensa, encarnó al equipo de protección personal frente al gol del accidente, mientras los defensas laterales e internos personificaron los controles administrativos, de ingeniería, de sustitución y de eliminación del peligro. Su ponencia, pensada para explicar la jerarquía de controles de seguridad, cerró con una dinámica interactiva en la que el público coreó lemas preventivos.
Más que un concurso, T-SEG dejó una certeza: la andragogía aplicada a la seguridad minera ha alcanzado un nivel excepcional. El propósito del entrenador, quedó claro tras las cuatro presentaciones, no consiste en lucirse, sino en lograr que otros actúen con criterio preventivo para regresar sanos y salvos a sus hogares.

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