El X Congreso Internacional de Prevención de Riesgos Laborales revela por qué cumplir la ley ya no es suficiente. El verdadero reto actual radica en la salud mental, el liderazgo y el bienestar integral de las personas.
Vivimos en una época de avances tecnológicos sin precedentes. La inteligencia artificial automatiza procesos, la maquinaria es más sofisticada que nunca y los profesionales de la seguridad y salud ocupacional están mejor capacitados. Sin embargo, detrás de esta fachada de modernidad, las empresas de todo el mundo enfrentan una preocupante realidad.
Las cifras de accidentes mortales se encuentran estancadas en una meseta que no logramos romper. ¿Qué estamos haciendo mal en las organizaciones? Esta fue una de las grandes cuestiones planteadas en el X Congreso Internacional de Prevención de Riesgos Laborales. El evento fue coorganizado por la aseguradora La Positiva y la Fundación internacional ORP.
Los expertos congregados en este espacio coincieron en que es urgente un cambio de paradigma en la prevención. Para transformar nuestras organizaciones, debemos dejar de ver la seguridad como un simple checklist legal. Es fundamental comenzar a entender la seguridad como una decisión estratégica que pone al ser humano en el centro.
El iceberg de la prevención y la parte invisible de la SST
Durante su intervención en el congreso, Hans-Horst Konkolewsky, presidente de la Fundación Internacional ORP e impulsor mundial de «Vision Zero», describió el estado de la seguridad con la metáfora de un iceberg. La punta de este bloque representa las fatalidades por accidentes de trabajo directos. No obstante, la inmensa mayoría del peligro permanece sumergida y fuera de la vista de los reportes tradicionales.
De acuerdo con los datos presentados por Konkolewsky, la distribución de la siniestralidad laboral mundial revela una realidad oculta: el 85% de las muertes relacionadas con el trabajo se debe a enfermedades laborales, mientras que solo el 15% restante corresponde a accidentes físicos directos.
Este dato alarmante evidencia que las empresas suelen destinar sus recursos de forma inversa, enfocándose casi siempre en los accidentes visibles. Dentro de esta porción invisible, la salud mental se ha convertido en el mayor desafío para las organizaciones modernas.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) del año 2019 presentados por Konkolewsky, el 15% de las personas en edad de trabajar viven con algún trastorno mental. El impacto de estas condiciones es devastador para la calidad de vida y para la economía global.
De hecho, la ansiedad y la depresión provocan la pérdida de 12,000 millones de jornadas laborales al año, con un costo cercano al billón de dólares anuales para la economía global. Este sufrimiento invisible se manifiesta directamente en el ausentismo laboral, el cual se incrementa en todos los países.
Esta situación representa pérdidas financieras gigantescas. Por ejemplo, en España, el costo del ausentismo laboral ya supera el 5% de su Producto Interno Bruto (PIB). Así lo advirtió el Dr. Pedro Mondelo, de la Universidad Politécnica de Catalunya y conductor de los debates del congreso, al reflexionar sobre por qué las personas pierden la pasión por ir a trabajar.
Vision Zero y el modelo de las 5Z: Herramientas para la acción
Ante este panorama, cumplir la legislación vigente ya no es suficiente para garantizar entornos saludables. Las normativas estatales suelen apoyarse en indicadores reactivos, es decir, estadísticas de accidentes que ya ocurrieron. Para anticiparnos a los riesgos reales, las organizaciones deben adoptar la filosofía de «Vision Zero».
Esta estrategia nació originalmente en Suecia en la década de los noventa para combatir los accidentes de tránsito. Su creador fue Claes Tingvall, del Ministerio de Transportes sueco. Posteriormente, en 2017, la Asociación Internacional de Seguridad Social (AISS) la lanzó como una campaña global.
Vision Zero no es un objetivo cuantitativo estricto, sino un proceso de mejora continuo. Se basa en una hoja de ruta con siete reglas de oro que integran seguridad, salud y bienestar. Estas reglas proponen asumir el compromiso de liderazgo, identificar peligros, definir metas e invertir en las personas.
Para facilitar esta transición, la Fundación ORP ha ampliado este marco mediante el modelo de la cultura 5Z. Este enfoque propone cinco metas esenciales: cero accidentes, cero enfermedades, cero residuos, cero desigualdad y cero desconocimiento.
Para implementarlo, las organizaciones cuentan con una guía metodológica de casi 100 páginas publicada por la ORP. Esta guía detalla una hoja de ruta que incluye autodiagnósticos, planes de mejora y procesos de certificación voluntaria.
Este esfuerzo no representa una carga financiera para las organizaciones. Un estudio global realizado por la AISS demostró que por cada peso que una empresa invierte en prevención de riesgos, recibe un retorno de 2.2 pesos en rentabilidad y productividad.
Evidencia práctica: Minsur demuestra que «Cero es posible»
La teoría de Visión Zero funciona en el mundo real, incluso en industrias de alto riesgo como la minería. Belisario Pérez, relató su experiencia al asumir en 2013 la gerencia de seguridad de la minera peruana Minsur.
El diagnóstico inicial de Minsur en 2013 era crítico. La empresa registraba anualmente más de 100 accidentes incapacitantes, una docena de lesiones graves y un promedio de dos fallecidos al año. Para cambiar esta realidad, se adoptó la filosofía de Visión Zero como la bandera de movilización de toda la organización.
La estrategia de Minsur se estructuró sobre cuatro pilares fundamentales: gestión de riesgos, cultura, salud y bienestar, y liderazgo. El cambio más drástico ocurrió en la forma de gestionar los eventos de alto potencial (EAP). Estos son incidentes que no causaron lesiones serias pero que pudieron haber sido fatales.
El director ejecutivo de Minsur y los gerentes de las empresas contratistas se involucraron personalmente en la investigación de cada EAP. En lugar de buscar culpables para castigarlos, investigaron junto con el trabajador para simplificar las tareas y hacerlas más seguras.
Este enfoque colaborativo disminuyó significativamente la resistencia al cambio entre el personal. Como resultado, Minsur logró duplicar sus horas-hombre de 14 a 28 millones y construir proyecto de más de 1,500 millones de dólares con un récord de cero fatalidades en múltiples años. Entre estos años de récord se encuentran 2014, 2016, 2017, 2022 y 2025.
La decena de conferencias del X Congreso Internacional de Prevención de Riesgos Laborales deja una lección profunda: el futuro de la seguridad no se escribirá con más reglamentos, sino con un liderazgo que ponga al ser humano en el centro. Las organizaciones deben aprender a definir su propia bandera preventiva.
Resulta indispensable involucrar activamente a la sociedad y a las familias de los trabajadores. También debemos aprender a gestionar los olvidos humanos para evitar que las lecciones del pasado vuelvan a convertirse en accidentes en el futuro. Solo cuidando el bienestar de las personas lograremos empresas verdaderamente competitivas y sostenibles.

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