Cambiar la forma de entrenar para salvar vidas: ese fue el compromiso que selló el II Seminario Internacional de Entrenadores y Capacitadores en Seguridad y Salud Ocupacional, organizado por el Instituto de Seguridad Minera (ISEM) los días 27 y 28 de agosto. El evento reunió a los principales líderes de la capacitación en prevención en la región para debatir y experimentar metodologías que van más allá del cumplimiento normativo, con la meta de consolidar una cultura preventiva sostenible que proteja la vida de los trabajadores en cada frente de operación.
El miedo también se entrena, y de eso habló primero el propio anfitrión. El ingeniero Fernando Borja Añorga, gerente general del ISEM, abrió el evento confrontando la glosofobia, el temor a hablar en público, y advirtió que la labor del entrenador exige equilibrio entre el ego —necesario para proyectar confianza— y la humildad indispensable para servir y transmitir cultura con autenticidad. Borja derribó además el mito de que una imagen vale más que mil palabras: mediante un ejercicio sensorial, demostró cómo las palabras correctas recrean el crujido de la leña y el calor de una fogata mejor que cualquier imagen estática.
El entrenamiento, recordó Borja, existe desde los albores de la humanidad para asegurar la supervivencia y transmitir saberes entre generaciones, y va más allá de la información: requiere práctica corporal, pues nadie aprende a nadar leyendo un manual. Respaldó su discurso con cifras: de 26 fallecidos entre 260,000 trabajadores (0.01%), para cada familia la pérdida es un devastador 100%, porque todo ser humano es único e irreemplazable.
El nuevo lenguaje de la prevención
Perder a dos operarios en un tanque por negligencia marcó para siempre al consultor Carlos Vivar, Partner y CEO de Adconsult México, quien convirtió esa tragedia en el eje de su ponencia magistral. Propuso un cambio de paradigma radical: dejar de ver al personal como «recurso», un gasto a minimizar, y tratarlo como «capital humano», una inversión estratégica con retorno medible en productividad y comportamientos seguros. Para Vivar, el capital organizacional —procesos, cultura y liderazgo— determina el comportamiento diario, y el sistema termina por absorber al profesional excelente cuando la gerencia tolera conductas inseguras.
Vivar también desmontó varios «neuromitos» que sabotean la capacitación. Desmintió que el aprendizaje adulto sea limitado, citando evidencia de que la neuroplasticidad opera a cualquier edad, y atacó el «espejismo de capacidad» de medir el éxito solo con certificados de asistencia. Recordó que la curva de Ebbinghaus hace que el cerebro deseche el 50% de la información técnica en la primera hora y el 90% en una semana si no es relevante ni emocional. Su receta: diseñar sobre atención, repetición espaciada y estímulos multisensoriales que activen la amígdala, como el caso de Bank of America, que alcanzó 97% de confianza en cajeros nuevos usando realidad virtual.
Cada once segundos muere una persona en su trabajo en algún lugar del mundo. Con esa cifra abrió el ingeniero Sergio Raúl Valencia Krauss, CEO de SVK Consulting, quien citó un promedio de 275 fatalidades anuales en el Perú y 31 en minería. Definió el trabajo decente como aquel entorno al que llevarías a tus propios seres queridos con la certeza de que regresarán a salvo. Explicó que la competencia se sostiene en conocimientos, experiencia, actitud y juicio crítico, siendo este último el más descuidado hoy.
Escapar de la «trampa del cumplimiento» fue el llamado central de Valencia, quien criticó las capacitaciones dictadas por mero calendario y evaluadas solo con exámenes de retención de corto plazo. Instó a formar en las diez habilidades del futuro del Foro Económico Mundial —pensamiento analítico, resiliencia, empatía y presencia gerencial en el frente de trabajo— y propuso un sistema de Detección de Necesidades alimentado por matrices IPERC, auditorías y fiscalizaciones. Presentó además un modelo para calcular el retorno de inversión, efectivo solo cuando erradica brechas operativas reales.
Liderar, ante todo, es influir, y de esa premisa partió el doctor Marcelo Muñoz, CEO de Global Network Advisor, para hablar de comunicación con impacto. Basado en la filosofía de John Maxwell, planteó que el entrenador debe transitar del rol de «Docente Coach», un facilitador que no busca lucirse sino lograr que el alumno actúe mejor. Criticó los manuales técnicos incomprensibles, recordando que los adultos no aprenden escuchando pasivamente, sino cuando la información tiene relevancia práctica y aplicación inmediata en el terreno.
Para empaquetar mensajes preventivos, Muñoz introdujo el exitoso Método M.I.N.A.: un Mensaje claro de conducta observable (por ejemplo, «confirma, bloquea y verifica» en lugar de tecnicismos); un Impacto visible de las consecuencias reales; una Narrativa que conecte a través de un contexto, una decisión crítica y un aprendizaje; y una Acción transferible que traduzca el conocimiento en conducta medible en el terreno. Muñoz cerró con una idea contundente: la seguridad no se fortalece con más diapositivas, sino con mejores conversaciones.
La tecnología no siente dolor, y esa fue la advertencia central del ingeniero Martín Velázquez, director general de SISSAE Prevención, al analizar la Inteligencia Artificial generativa aplicada a la prevención. Aclaró que usar varias herramientas de IA no es una estrategia si no están articuladas en flujos orientados a resolver problemas reales de aprendizaje, y que el contexto del «prompt» —siempre validado por el criterio del prevencionista— determina la utilidad del resultado, ya que la IA solo arroja respuestas probabilísticas basadas en patrones.
Velázquez demostró la versatilidad de NotebookLM, Claude y ChatGPT para estructurar planes formativos y reducir labores administrativas de semanas a minutos, desde constancias automáticas hasta matrices de riesgo generadas a partir de imágenes de campo. Sin embargo, recordó que ninguna herramienta puede sentir el dolor de un accidente o el sufrimiento de una familia. El cuidado, insistió, sigue siendo una responsabilidad exclusivamente humana.
Veintiún años entrenando entrenadores tienen un sello propio. Representando el legado institucional, las psicólogas organizacionales Zurin Díaz y Macarena Huaynalaya dictaron la conferencia sobre el Sello ISEM. Con una dinámica que pedía a los asistentes mantener el equilibrio en un pie mientras repetían diálogos bajo presión, demostraron que ordenarle a un trabajador estresado «concéntrate» o «trabaja seguro» no genera ningún impacto real en su cerebro, una lección tan simple como reveladora sobre los límites de las instrucciones verbales.
Convertir las aulas en laboratorios de cambio conductual: ese es el objetivo del método de aula invertida de ISEM, explicado por Díaz y Huaynalaya, estructurado con 70% de práctica y retroalimentación mediante grabaciones y simuladores. Su meta es que el personal deje de actuar por «consecuencias» —evitando sanciones momentáneas— y empiece a actuar por «conciencia», asumiendo el uso del equipo de protección y el derecho a decir no ante condiciones inseguras por convicción propia, no por temor.
De Picasso a la sala de capacitación: así tendió puentes el especialista Manuel Alonso Inclán, quien conmovió al público analizando las figuras del cuadro «Guernica» para demostrar cómo la información y el contexto transforman la percepción cerebral. Presentó el Modelo N.E.U.R.O. (Novedad, Emoción, Utilidad, Recordar y Observar) y explicó que las conductas visibles son solo la punta del iceberg de estados más profundos: emociones, pensamientos, creencias e identidad de la persona.
El neuroaprendizaje, detalló Alonso Inclán, debe estimular neurotransmisores clave —acetilcolina para la atención, dopamina para la motivación, endorfina contra la fatiga y oxitocina para la confianza— y así fijar improntas de largo plazo que eviten la normalización del riesgo. En la misma línea, Marina Victoria Jiménez, socia-directora de Provocando Cambios Valientes, expuso las 5 Palancas de la Responsabilidad (Conciencia, Conversaciones preventivas, Participación, Confianza psicológica y Responsabilidad), articuladas con la pirámide de aprendizaje de Glasser.
Talento premiado y cierre con compromiso
Una maqueta de mina a tajo abierto permitióalcanzar el primer lugar del Concurso T-SEG: Entrenador, donde profesionales de operaciones reales demostraron la aplicación inmediata de estas metodologías ante un jurado y la votación electrónica del auditorio. La ingeniera Mónica Bardales Valdivia, de San Martín Contratistas Generales, ganó con su dinámica «Línea de Fuego», que visibilizó tridimensionalmente las trayectorias de energía de la maquinaria pesada y los puntos ciegos de camiones y excavadoras, arrancando el coro de «ni uno menos» del público. Se llevó un iPad, un trofeo y una beca de 300 dólares.
Un rescate real inspiró la ponencia que se llevó el segundo puesto. La ingeniera ambiental Magaly Mancha Mulato conmovió al auditorio con la historia del rescate que su padre protagonizó en 1996 en una chimenea en avance, integrando storytelling con una lúdica dinámica de semáforo de gases. El tercer puesto fue para la ingeniera Miriam Atencio Gómez, con su regla de las tres «Cs» de la comunicación segura (Clara, Corta y Concreta), mientras el cuarto lugar lo ocupó el ingeniero Víctor Ventosilla, con divertidas analogías futbolísticas para escenificar la jerarquía de controles.
Una secuencia especial fue la realización del taller «De la teoría a la práctica» que se consolidó como el espacio clave para materializar conceptos andragógicos en el frente operativo. Durante este bloque, cinco entrenadores del ISEM demostraron cómo transferir la teoría dura en conductas seguras y decisiones críticas en campo, donde se libra el verdadero partido por la vida de los colaboradores.
El verdadero desafío preventivo comienza cuando el trabajador pisa el terreno y debe tomar decisiones críticas bajo presión. Con esa reflexión cerró el seminario el ingeniero Jorge Soto Yen, presidente del Capítulo de Ingeniería de Minas del CD Lima del CIP y miembro del directorio de ISEM, quien felicitó la labor institucional y la participación activa de las empresas del ecosistema minero, instando a los asistentes a ser verdaderos agentes de cambio cultural.
«Capacitar en seguridad no es solamente enseñar a trabajar mejor, es enseñar a trabajar sin perder la vida»: con esta reflexión ética, que sintetizó el espíritu de ambas jornadas, Soto declaró oficialmente clausurado el II Seminario Internacional de Entrenadores y Capacitadores en SSO.

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