¿Qué pasaría si los antiguos pasivos ambientales mineros dejaran de verse únicamente como un problema de cierre y empezaran a entenderse como una oportunidad para generar nuevas actividades y desarrollo en los territorios? Esa pregunta estuvo en el centro del debate que PACMIN 2026 propuso a la gestión de los pasivos ambientales mineros (PAM) en el país.
La conferencia magistral se realizó en el marco de los Martes de la Minería, bajo el título «PACMIN 2026: principales aportes para la modificación del Reglamento de Pasivos Ambientales de la Actividad Minera», organizada por el Capítulo de Ingeniería de Minas del Consejo Departamental de Lima del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP). Allí, especialistas del sector plantearon la necesidad de avanzar hacia un modelo que ya no se limite a administrar el cierre de los PAM, sino que acelere su rehabilitación, reduzca los riesgos asociados y abra la puerta a nuevos usos y oportunidades de desarrollo en las zonas donde se ubican.
La propuesta fue presentada por el ingeniero Raúl Benavides, presidente del PACMIN 2025 y presidente del Directorio de CETEMIN. Como panelistas participaron el ingeniero Humberto Chirif, expresidente ejecutivo de INGEMMET; el abogado Dante Aguilar, gerente general de AMSAC; y el ingeniero Percy Montoya, gerente de Gestión Ambiental de Compañía de Minas Buenaventura. La moderación estuvo a cargo del ingeniero CIP Jorge de Soto Yen, presidente del Capítulo de Ingeniería de Minas del CIP Lima.
6,001 pasivos y 740 de alto y muy alto riesgo
Las cifras presentadas durante la jornada dan cuenta de la magnitud del desafío. Según la información expuesta por PACMIN, con base en el Anuario Minero 2024 del Ministerio de Energía y Minas, el Perú cuenta con 6,001 pasivos ambientales mineros. De ese universo, 740 están clasificados como de alto y muy alto riesgo, un 12 % aproximadamente del inventario total, y son los que, a juicio de los especialistas, deberían concentrar la mayor parte de los recursos y esfuerzos de intervención.
De esos 740 PAM de mayor riesgo, 502 cuentan con algún nivel de intervención, mientras que 238 permanecen sin ninguna. A ese panorama se suma otro dato que evidencia la urgencia de revisar el modelo vigente: después de más de dos décadas de aplicación del marco regulatorio, solo se han emitido tres certificados de cierre.
«Necesitamos pasar de una lógica de administración del pasivo a una lógica de rehabilitación efectiva», fue uno de los mensajes centrales de la jornada. Para los especialistas, el reto no pasa únicamente por conseguir más recursos, sino también por reducir las barreras regulatorias, establecer incentivos adecuados y generar condiciones que permitan culminar los procesos de remediación.
A este escenario se suma un desafío de gran magnitud a futuro: durante la conferencia se advirtió sobre la existencia de más de 30,000 potenciales PAM asociados a actividades comprendidas en el REINFO, una cifra que podría incrementar de forma considerable las responsabilidades futuras del Estado.
Priorizar el riesgo y acelerar la rehabilitación
PACMIN destacó varios aspectos positivos del proyecto de modificación del Reglamento de Pasivos Ambientales de la Actividad Minera, entre ellos la implementación de las reformas introducidas por el Decreto Legislativo N.° 1670, el fortalecimiento de la figura del remediador voluntario y la aplicación del principio de proporcionalidad según el nivel de riesgo de cada pasivo. También valoró la posibilidad de desarrollar estudios previos antes de asumir formalmente una remediación, así como el reconocimiento de distintas alternativas de intervención, entre ellas la reutilización, el reaprovechamiento, el uso alternativo y el cierre de los componentes mineros.
Los especialistas consideran que aún hay aspectos por precisar para dar mayor predictibilidad al proceso y facilitar nuevas intervenciones. Entre las propuestas planteadas destaca la necesidad de definir límites claros para las obligaciones de post-cierre, de modo que no se conviertan en una barrera para la participación de nuevos remediadores, así como de brindar mayor predictibilidad y protección jurídica a quienes asuman voluntariamente la rehabilitación de un pasivo. También se propuso crear o ampliar los mecanismos de financiamiento disponibles, incorporando alternativas como Obras por Impuestos, PROINVERSIÓN y fondos sectoriales, y desarrollar un Mapa Nacional de Rehabilitación que permita priorizar los PAM no solo por su nivel de riesgo, sino también por su potencial de reaprovechamiento y sus posibles usos futuros. A ello se suma la necesidad de establecer reglas claras frente a casos fortuitos y de fuerza mayor, en particular cuando componentes previamente remediados puedan verse afectados por terceros.
Con estas propuestas, PACMIN busca que la gestión de los PAM deje de ser vista únicamente como una obligación ambiental y se consolide como una agenda nacional de rehabilitación de territorios.
Del pasivo al activo: cuando una mina puede tener una segunda vida
Uno de los planteamientos que despertó mayor interés durante la conferencia fue la posibilidad de dar una «segunda vida» a determinados espacios mineros una vez rehabilitados. La experiencia internacional demuestra que antiguas operaciones mineras pueden transformarse en atractivos turísticos, espacios culturales, centros educativos o nuevos activos económicos, como ocurre en Almadén, en España; Garpenberg, en Suecia; la Catedral de Sal, en Colombia; y Mina El Edén, en México.
La dimensión de estas experiencias resulta especialmente reveladora: la Catedral de Sal registra más de 705 mil visitantes al año, mientras que Mina El Edén recibe alrededor de 180 mil visitantes anuales.
El Perú también cuenta con experiencias y activos con potencial para seguir esta ruta. Entre ellos se mencionaron la Mina Escuela CIEMAM, en Hualgayoc; la Mina Modelo del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú; el patrimonio histórico de Santa Bárbara, en Huancavelica; y el Centro de Investigación para el Desarrollo Sostenible de Activos Mineros de AMSAC, en Cerro de Pasco. Para PACMIN, estos casos demuestran que la rehabilitación no necesariamente debe terminar con el cierre físico de una instalación: bajo las condiciones técnicas, ambientales y legales adecuadas, una antigua mina puede convertirse en infraestructura para la educación, la investigación, el turismo, la cultura o nuevas actividades económicas.
Una nueva agenda para los pasivos ambientales
El debate planteado por PACMIN busca ampliar la conversación: pasar de preguntarse cuánto cuesta cerrar un pasivo ambiental a preguntarse qué valor puede generar un territorio después de ser rehabilitado. Esta visión implica priorizar los PAM según su nivel de riesgo, acelerar la intervención de aquellos que representan mayores amenazas para las personas y el ambiente, y crear condiciones para que el sector privado, el Estado y otros actores puedan participar en soluciones de largo plazo.
Las propuestas presentadas serán parte de la discusión que continuará en el III Simposio Internacional de Pasivos Ambientales y Cierre de Minas – PACMIN 2026, que se realizará del 17 al 19 de noviembre y reunirá a representantes del Estado, empresas mineras, academia, especialistas nacionales e internacionales y profesionales vinculados a la gestión ambiental y minera. En esta edición participa también el Posgrado PUCP, a través de la Maestría en Regulación, Gestión y Economía Minera, como parte de la organización.
PACMIN 2026 busca impulsar una visión moderna de la rehabilitación minera en el Perú: priorizar los pasivos de mayor riesgo, acelerar la remediación, generar incentivos para nuevas intervenciones y abrir la posibilidad de transformar antiguos pasivos en oportunidades para los territorios. Del 17 al 19 de noviembre, en OPEN PUCP – Plaza San Miguel, el sector minero, académico y ambiental tendrá una nueva cita para debatir cómo pasar del pasivo a la rehabilitación, y de la rehabilitación a nuevas oportunidades de desarrollo.

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