La productora de concentrado de roca fosfórica, ubicada en Sechura (Piura), este 2025 recibió por sexta vez una Placa de Honor en el Concurso Nacional de Seguridad del ISEM y fue reconocida con cuatro premios por sus mejores prácticas en seguridad, consolidándose como referente nacional en gestión y estándares operativos de clase mundial.
Bajo el sol de una región que no descansa, los 2,300 trabajadores de Miski Mayo, entre personal directo y de contratistas, dan vida a un engranaje complejo que abarca desde la extracción minera hasta el embarque en puerto. En este escenario, donde la interac-ción entre equipos pesados y trabajadores es constante, existe una consigna que resuena con más fuerza que cualquier motor: “La vida en primer lugar”. Lo que en muchas empresas podría ser solo un texto en un cuadro en la pared, aquí se ha transformado en la columna vertebral de cada jornada.
La transformación de Miski Mayo hacia una cultura preventiva madura no es obra del azar. Se sustenta en el Sistema Integrado de Gestión (SIG) de su casa matriz, Mosaic, que ha estandarizado procesos para que, sin importar el área o la ubicación, todos operen bajo las mismas reglas y expectativas. En el centro de este sistema se encuentran las “9 reglas para salvaguardar la vida”, un conjunto de normas no negociables seleccionadas tras un análisis riguroso de incidentes históricos de la industria. Estas reglas actúan como una frontera infranqueable entre la operación cotidiana y el riesgo de lesiones graves.
Sin embargo, la seguridad en Miski Mayo no se dicta únicamente desde una oficina. El cambio real ocurre en el campo a través de herramientas como L.E.G.O. (Leaders Engage – Go Observe). Los líderes de la compañía tienen la misión de involucrarse directamente en las actividades, documen-tando riesgos en tiempo real y, lo más importante, reconociendo las buenas prácticas de sus equipos. Esta presencia física refuerza el mensaje de que la seguridad es una prioridad absoluta de la alta dirección.

Cuando un líder se acerca a un trabajador, no lo hace para imponer, sino para aplicar el método COACH. Este enfoque de “Cuidado activo, Observación, Análisis, Comunicación y Ayuda o Help” busca que el trabajador, mediante un diálogo respetuoso, identifique por sí mismo sus oportunidades de mejora. No se trata de una supervisión punitiva, sino de un acompañamiento que fortalece la confianza y el autocuidado.
Pero el poder definitivo reside en las manos de cada trabajador con la herramienta “Haz un pare por la vida”. Es un mandato de responsabilidad personal: antes de iniciar cualquier tarea riesgosa, el trabajador debe hacer una pausa consciente para validar los controles. Si algo no es seguro, tiene la autoridad explícita para detener el trabajo sin temor a represalias, rompiendo con la inercia de la producción a toda costa e implementando los controles necesarios para ejecutar de forma segura su trabajo.

Cada jueves, este compromiso se colectiviza en la Reunión PAR (Programa de Actitud Responsable). Alrededor de 200 personas, incluyendo gerentes y líderes de empresas contratistas, personal administra-tivo y operativo, se reúnen para analizar estadísticas, compartir lecciones aprendidas de cuasi accidentes y alinear criterios. Es un espacio donde desaparecen las jerarquías en favor de un objetivo común: asegurar que cada uno de los trabajadores regrese a casa sano y salvo.
De esta manera, en Miski Mayo la seguridad viene convirtiéndose en una forma de vida compartida y los reconocimientos son reflejo de ello. En sus 15 años de operación Miski Mayo ha obtenido siete veces el primer lugar como empresa minera más segura del Perú, categoría Tajo abierto en el Concurso Nacional del Instituto de Seguridad Minera – ISEM.
Y recientemente, la empresa obtuvo Placa de Honor por haber ocupado el segundo lugar en la última edición de este concurso, convirtiéndose ésta en la sexta placa de reconocimiento por un segundo puesto. Resultados que son consecuencia de un compromiso sostenido donde la seguridad y la innovación se han convertido en su sello de identidad.

Innovación en el desierto
En el corazón de la operación minera, la seguridad se manifiesta en la constante innovación que sus integrantes despliegan en las distintas tareas y procesos. El reciente XI Concurso de Mejores Prácticas en Seguridad premió cuatro proyectos que, nacidos de la experiencia directa en campo, demuestran que la meta de «cero accidentes» se alcanza con tecnología, diseño y empatía por el trabajador.
El primer lugar del concurso lo obtuvo el proyecto relacionado al izaje de poleas en fajas transportadoras. Lo que antes requería a seis técnicos lidiando con tecles manuales y maniobras complejas de carga suspendida, ahora utilizan una estructura tipo “C” certificada, haciendo que la grúa posicione la polea en una sola maniobra, requiriéndose solo dos técnicos en la mitad del tiempo de ejecución y eliminando la interacción directa con cargas suspendidas, un riesgo crítico en minería.

El trabajo ganador estuvo acompañado por otros tres proyectos premiados en el segundo y tercer lugar. Uno de ellos atacó el riesgo de atrapamiento en los filtros banda de 300 tm/h. Anteriormente, para alinear la tela del filtro, el personal debía retirar guardas de seguridad e interactuar con el equipo en movimiento usando un tecle. Se innovó instalando un sistema de tornillo sin fin con un control externo. Ahora, el alineamiento se realiza con precisión milimétrica desde fuera de la zona de peligro, eliminando la interacción hombre-máquina y evitando paradas intempestivas de la línea de producción.
De igual manera, la transformación digital llegó a la Planta de Secado para proteger a los inspectores predictivos. Antes, ellos debían recorrer a pie más de 4 km bajo condiciones climáticas adversas o en espacios con alto ruido y polución para tomar datos de vibración y temperatura. Con la implementación de sensores triaxiales y monitoreo online con Inteligencia Artificial, la toma de datos pasó de tres horas de exposición en campo a solo tres minutos desde oficina, alertando en tiempo real posibles fallas, evitando paradas correctivas costosas.

El cuarto trabajo innovador abordó un desafío ergonómico crítico en la Planta Concentradora: el mantenimiento de los Feeder Breakers. Antes, dos técnicos debían manipular una pistola de impacto de 14 kg para ajustar 152 sujetadores, exponiéndose a lesiones musculoesquelé-ticas y golpes. La solución fue un mecanismo articulado deslizable que soporta el peso de la herramienta. Este cambio permitió que la tarea sea realizada por una sola persona con mínimo esfuerzo físico, y bajó el nivel de riesgo de «muy alto» a «bajo».
Los cuatro proyectos premiados no son solo mejoras técnicas; son el testimonio de una cultura donde la vida es lo primero.

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