Perú enfrenta un desafío operacional único derivado de su ubicación geográfica: ser simultáneamente un país de alta actividad sísmica y uno de los principales productores mineros del mundo. Esta realidad impone exigencias técnicas complejas para la gestión de miles de depósitos de relaves distribuidos en zonas de alta sismicidad asociadas al Cinturón de Fuego del Pacífico, donde los eventos sísmicos de gran magnitud constituyen una probabilidad constante más que un escenario hipotético.
De acuerdo con el análisis técnico de Patricio Toledo, Technical & Execution Director de Arcadis Chile & Perú, se estima la existencia de más de 8,000 depósitos de relaves en el país, entre activos e inactivos, configurando un panorama donde la estabilidad geotécnica bajo condiciones sísmicas representa una prioridad crítica para la continuidad operacional y la seguridad de las comunidades adyacentes.
Licuefacción: el riesgo silencioso en eventos sísmicos
Los eventos sísmicos de magnitud considerable generan aceleraciones que van más allá del simple movimiento del terreno. En depósitos de relaves con alto contenido de agua, estos movimientos pueden desencadenar licuefacción: un fenómeno donde el material pierde su capacidad de resistencia y comienza a comportarse como un fluido viscoso. «Cuando eso ocurre, las consecuencias pueden escalar rápidamente: deformaciones, asentamientos e incluso la rotura de la presa», señala Toledo.
Las implicaciones técnicas de este comportamiento trascienden lo meramente estructural. Un depósito licuefactado puede experimentar fallas en cascada que comprometen múltiples elementos del sistema de contención, generando riesgos de magnitud variable según las características geomorfológicas y poblacionales de la zona de influencia.
Vacíos técnicos en evaluaciones dinámicas de relaves
Un aspecto preocupante identificado en distintas evaluaciones de depósitos del Perú radica en simplificaciones de los análisis dinámicos. Particularmente, se observa la omisión frecuente de ensayos triaxiales cíclicos en relaves convencionales, una decisión que no es técnicamente menor: «significa evaluar el comportamiento del depósito sin caracterizar adecuadamente su respuesta frente a cargas sísmicas, subestimando el potencial de licuefacción», explica Toledo.
Esta brecha entre los análisis realizados y los estándares internacionales de rigor técnico configura un riesgo sistemático, donde la insuficiencia de datos geotécnicos puede llevar a subestimar vulnerabilidades críticas que solo emergen cuando ocurren eventos sísmicos reales.
Estándares internacionales y gobernanza de relaves
Las fallas de depósitos de relaves documentadas internacionalmente, como Fundão y Brumadinho, marcaron un quiebre en la industria global, impulsando la adopción del Estándar Global de la Industria para la Gestión de Relaves (GISTM). Este marco establece lineamientos para el diseño, operación y cierre bajo un enfoque integral de riesgo.
Entre los aprendizajes clave destacan: la necesidad de evitar configuraciones vulnerables a licuefacción, como la disposición de relaves deshidratados o filtrados que reducen significativamente el contenido de agua; el fortalecimiento del monitoreo geotécnico mediante herramientas como satélites e inteligencia artificial, capaces de identificar deformaciones milimétricas antes de que escalen a fallas; y, fundamentalmente, reconocer que «la seguridad no depende únicamente del diseño inicial, sino de una gestión continua, informada y basada en datos», según Toledo.
La gobernanza de relaves en un contexto sísmico requiere caracterización geotécnica de alto estándar, análisis dinámicos robustos y alineación con prácticas internacionales. Las consecuencias del incumplimiento de estos criterios trascienden los costos de reparación, que pueden escalar a millones de dólares, e incluyen pérdida de confianza pública, impacto ambiental y conflictividad social que afecta la continuidad operacional y la reputación del sector.

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