En el marco del Congreso Nacional de Minería-CONAMIN 2026, la investigación presentada por Luis Lasanta Béjar de NAGO Consultores puso el foco sobre la radiación UV-C artificial generada en los procesos de soldadura, un riesgo que hasta ahora ha permanecido mayormente fuera del radar preventivo y normativo en el Perú.
El estudio, premiado en la especialidad de Seguridad y Salud Ocupacional, revela que los soldadores en minería, construcción y metalmecánica están expuestos a una forma de energía que, a diferencia de la luz solar, es emitida directamente a la piel y ojos del operador con una intensidad devastadora.
La investigación destaca que la soldadura por arco eléctrico genera radiación UV-C, la cual ha sido clasificada por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) como un carcinógeno humano del Grupo 1. Esta radiación es la más peligrosa del espectro ultravioleta debido a su alta energía fotónica, capaz de romper las células del ADN y causar daños profundos.
Los hallazgos en campo son contundentes: los niveles de radiación en procesos comunes como SMAW y GMAW superan los límites máximos permisibles (LMP) entre 100 y 3,000 veces. De hecho, el tiempo máximo de exposición segura sin protección es alarmante, variando desde apenas 0.3 segundos hasta 67 segundos por jornada. Esto significa que un trabajador que pase por una zona de soldadura sin el equipo adecuado alcanza su dosis máxima permitida en menos de un parpadeo.
Impacto en la salud y el riesgo acumulado
El daño de la UV-C no siempre es inmediato. Si bien se presentan efectos agudos como el «ojo del soldador» (queratoconjuntivitis) y quemaduras en la piel, el mayor peligro reside en el daño acumulado. La investigación concluye que trabajar más de 20 años en el oficio multiplica por 2.5 el riesgo de cáncer de piel (carcinoma basocelular) en áreas como la cabeza y el cuello.
Un punto crítico identificado es que el cuello es la zona más vulnerable, ya que recibe hasta el 40% de la radiación reflejada desde las superficies de trabajo, y suele ser una zona desprotegida por los Equipos de Protección Personal (EPP) tradicionales.
Brechas críticas: supervisores y vacío legal
Uno de los hallazgos más sorprendentes del estudio es la falsa sensación de seguridad entre los supervisores. Se encontró que el 67% de los supervisores no utilizan protección ocular durante sus visitas a las áreas de soldadura, bajo la premisa de que su exposición es breve. Sin embargo, dado que los LMP se superan en milisegundos, estas visitas cortas son suficientes para generar daños a largo plazo.
A nivel institucional, existe una «brecha crítica» en la normativa peruana. Mientras que hay leyes para la prevención de la radiación solar, el marco legal actual ignora la radiación UV artificial de procesos industriales. Esto deja a miles de soldadores sin programas de vigilancia dermatológica específica y sin que el cáncer de piel sea reconocido como enfermedad ocupacional.
Hacia una protección efectiva
A pesar del panorama, el estudio confirma que los EPP (cascos auto-oscurecedores, ropa ignífuga y guantes de cuero) son altamente efectivos, logrando una reducción de la dosis de radiación superior al 95% cuando se usan correctamente. No obstante, persiste un 12% de soldadores que reportan exposición ocular debido a fallas de sello o uso incorrecto del casco.
Entre las recomendaciones prioritarias presentadas en CONAMIN 2026 se encuentran:
- Monitoreo periódico de la irradiancia UV en los programas de higiene ocupacional.
- Actualización del listado de enfermedades profesionales para incluir el cáncer de piel por UV artificial.
- Implementación de vigilancia dermatológica anual para soldadores con más de 10 años en el oficio.
- Capacitación intensiva en el uso de protectores de cuello y el sellado adecuado de las caretas.
La investigación de NAGO Consultores también tuvo la intervención de los especialistas Bernard Gonzales y Linet Gonzales Caytuiro.

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