A pesar de las constantes mejoras en los sistemas de gestión y las normativas, las fatalidades laborales en muchas regiones no han disminuído. La evidencia científica sugiere que este estancamiento se debe a un factor crítico: la inatención, la cual está presente en más del 95% de los incidentes tanto dentro como fuera del trabajo.
Tradicionalmente, la seguridad se ha gestionado de «afuera hacia adentro», modificando el entorno del trabajador; sin embargo, los descubrimientos de la neurociencia permiten ahora un enfoque de «adentro hacia afuera», analizando cómo el cerebro genera el comportamiento. Así lo señaló Cristian Sylvestre, director gerente de HabitSafe, en reciente webinar organizado por SafeStart denominado “Liderando la seguridad usando los descubrimientos de la neurociencia”.
Uno de los hallazgos más reveladores es que hasta el 95% del comportamiento humano se genera en la subconsciencia, una parte del cerebro que no registramos conscientemente. Mientras que la mente consciente (ubicada en la corteza prefrontal) es responsable de analizar situaciones nuevas, este proceso es lento y consume 100 veces más energía que los procesos automáticos.
Por eficiencia biológica, el cerebro prefiere utilizar el piloto automático, gestionado por el sistema límbico. Este sistema pregunta constantemente: «¿A qué se parece esta situación?». Si la tarea es familiar y nos sentimos seguros, el cerebro libera cannabinoides que permiten que los hábitos asuman el control, liberando a la mente consciente para pensar en otras cosas. El problema radica en que este piloto automático no puede «apagarse»; tratar de hacerlo es una batalla contra nuestra propia biología que no se puede ganar.
Modos cerebrales y la seguridad
La neurociencia identifica cuatro modos cerebrales principales que determinan nuestras acciones:
- Control consciente: se activa ante lo nuevo o desconocido. Es atento, pero lento y costoso energéticamente.
- Piloto automático: domina cuando realizamos tareas familiares. Aquí operan los hábitos, que pueden ser atentos (como mirar antes de avanzar) o inatentos (como textear al conducir).
- Prisa, frustración o impaciencia: estados que generan adrenalina y cortisol, provocando una «visión de túnel». En estos estados, el campo visual puede reducirse de 180 grados a solo 40, haciendo que ignoremos peligros que vienen de los costados.
- Fatiga: la acumulación de desechos como la adenosina crea una «niebla mental» que ralentiza los reflejos y nubla el juicio, llevando a malas decisiones.
Recableado hacia hábitos atentos
Dado que no podemos eliminar el piloto automático, la clave para reducir incidentes es recablear la subconsciencia. La mayoría de las faltas de atención son evitables si se transforman los hábitos inatentos en hábitos atentos mediante la práctica deliberada. Un ejemplo claro es el hábito de «mirar antes de avanzar», que, una vez automatizado, funciona incluso cuando la mente consciente está distraída en una conversación.
Para que este cambio ocurra, el liderazgo debe adoptar un proceso de tres etapas: conocer el camino (entender las causas neurobiológicas de la inatención), mostrar el camino (capacitar y dar herramientas de cambio) y seguir el camino (practicar personalmente y compartir la experiencia).
La seguridad del futuro no solo depende de controles externos, sino de fortalecer la «segunda línea de defensa»: la capacidad del trabajador para controlar sus modos cerebrales subconscientes. Al integrar la neurociencia en la cultura organizacional, no solo se reducen errores, sino que se otorga a las personas herramientas que las protegerán durante toda su vida.

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