Incluso en una mina equipada con Gemelos Digitales, ventilación automatizada y flotas autónomas, la última línea de defensa sigue siendo la cultura organizacional. La tecnología puede mitigar el riesgo, pero es el comportamiento humano y la toma de decisiones a todo nivel lo que determina si un accidente ocurre o se evita. El modelo de la Curva de Bradley, desarrollado por DuPont, se ha consolidado como la herramienta técnica estándar para diagnosticar y evolucionar el nivel de madurez de la cultura de seguridad en la industria minera.
De la reactividad a la independencia
En las etapas iniciales de la curva, la cultura es Reactiva: la seguridad es una cuestión de instinto y los incidentes se ven como parte inevitable del trabajo. Al evolucionar hacia una etapa Dependiente, la organización implementa supervisión estricta y reglas de oro. Aquí, el trabajador cumple las normas por temor a la sanción, lo que genera resultados estables pero limitados; la seguridad es algo que «alguien más» controla.
El salto cualitativo ocurre cuando se alcanza la Independencia. En este nivel, el trabajador internaliza el valor de la seguridad. El Director de Seguridad ya no necesita estar presente para que los procedimientos se cumplan, porque el personal comprende que su integridad física depende de sus propias acciones. Sin embargo, para una operación minera de alta complejidad, la independencia individual no es suficiente para prevenir eventos catastróficos que requieren coordinación colectiva.
El estándar de oro: la interdependencia
La etapa final de la Curva de Bradley es la Interdependencia. En este estado, la seguridad se convierte en una responsabilidad compartida. Los trabajadores no solo se cuidan a sí mismos, sino que se sienten empoderados y obligados éticamente a cuidar a sus compañeros. Es aquí donde el «Derecho a Decir No» ante una tarea insegura se ejerce sin temor a represalias, y donde el reporte de incidentes y near-misses se ve como una oportunidad de aprendizaje y no como un fracaso.
Para el Gerente General, alcanzar la interdependencia significa que la seguridad ha permeado el ADN del negocio, convirtiéndose en sinónimo de eficiencia operativa. Una cultura interdependiente fomenta la comunicación abierta y la transparencia, permitiendo que la organización identifique precursores de fallas sistémicas mucho antes de que se alineen los factores del «Modelo del Queso Suizo».
Liderazgo coherente y sostenibilidad
La evolución cultural no se logra con pósteres o discursos, sino con liderazgo coherente en el campo. Si la alta gerencia prioriza las metas de producción sobre los protocolos de seguridad en momentos de presión, la organización retrocederá instantáneamente a etapas reactivas. La interdependencia requiere que los líderes demuestren, mediante sus acciones, que la seguridad es el valor innegociable sobre el cual se construye la rentabilidad.
La cultura es el software que hace funcionar el hardware de la mina. Invertir en el desarrollo de una cultura interdependiente es la única forma de garantizar resultados de «Cero Daño» de manera sostenible en el tiempo. ¿En qué etapa de la Curva de Bradley se encuentra su organización hoy y qué acciones concretas están tomando sus líderes para movilizar la cultura hacia la interdependencia total?

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