A casi una década de su primera edición, el Concurso Internacional de Mejores Prácticas de Seguridad y Salud Ocupacional en Minería se ha consolidado como un termómetro de la evolución de la gestión preventiva en el sector minero peruano. Desde aquel hito inicial de 2016 —cuando un proyecto de la unidad minera Orcopampa, de Compañía de Minas Buenaventura, obtuvo el primer lugar al eliminar riesgos críticos en la operación de tolvas— hasta la actualidad, el perfil de las experiencias presentadas ha experimentado una transformación profunda.
Así lo explica el ingeniero Jerry Rosas Esquivel, miembro del jurado evaluador del concurso. Según detalló, en las diez ediciones realizadas hasta la fecha se han presentado cerca de 300 experiencias desarrolladas por empresas mineras, contratistas y compañías de actividades conexas. Solo en los últimos cinco años, el promedio supera los 50 trabajos por edición, con un crecimiento significativo impulsado por la mayor participación de empresas contratistas.
Del enfoque tradicional a la seguridad tecnológica
Uno de los principales cambios identificados por el jurado evaluador es la migración progresiva desde un enfoque tradicional de la seguridad hacia uno moderno, fuertemente apoyado en la tecnología. Digitalización, automatización, robótica e inteligencia artificial comienzan a ser elementos recurrentes en los proyectos presentados, con un objetivo claro: minimizar los accidentes mortales y avanzar hacia el paradigma de la “producción segura”.
Rosas subraya que este salto cualitativo no es casual. Las empresas mineras más admiradas del mundo han demostrado que alcanzar los más altos estándares de seguridad implica necesariamente inversión, liderazgo y visión estratégica. “A mayor estatura del estándar de la práctica, mayor será la inversión”, señala, estableciendo una relación directa entre el nivel de seguridad alcanzado y los recursos destinados a tecnología, equipos y procesos.
Liderazgo y compromiso visible: base de la cultura de seguridad
Más allá del factor económico, el entrevistado enfatiza que el desarrollo sostenible de las mejores prácticas depende, ante todo, del liderazgo efectivo de la alta dirección. El compromiso visible de los equipos gerenciales y su capacidad para liderar con el ejemplo son, a su juicio, los ingredientes clave para consolidar una cultura de seguridad madura.
En ese contexto, la cultura de seguridad no se limita a procedimientos o normas, sino que se convierte en la fuente más profunda de los resultados preventivos de una organización. “Solo el liderazgo puede crear pasión, compromiso y sinergia en los trabajadores”, afirma Rosas, remarcando que sin estos elementos cualquier intento de mejora carece de sostenibilidad en el tiempo.
Participación de los trabajadores: corazón de la prevención
La entrevista pone especial énfasis en el rol de los trabajadores, considerados por las empresas mineras líderes a nivel mundial como su activo más valioso. Para el jurado evaluador, su participación no es un componente accesorio, sino el eje central de cualquier estrategia de seguridad eficaz.
Los trabajadores, recuerda Rosas, son quienes permanecen en la “línea de fuego”, conocen de primera mano los peligros y riesgos de las operaciones y enfrentan las condiciones reales del trabajo diario. Escuchar sus aportes, atender sus preocupaciones e involucrarlos activamente en los procesos de mejora resulta indispensable para lograr cambios reales y duraderos.
Jerarquía de controles y eliminación del riesgo
Otro aspecto recurrente en las evaluaciones del concurso es la aplicación de la jerarquía de control de riesgos. En este enfoque, la eliminación del peligro ocupa el primer lugar como medida más efectiva, seguida de la sustitución y los controles de ingeniería.
En los últimos años, muchas de las experiencias mejor valoradas han apostado precisamente por este último nivel, mediante soluciones tecnológicas que reducen o eliminan la exposición humana. Un ejemplo citado por Rosas es el reemplazo de inspecciones en altura por el uso de drones en equipos de gran tamaño, lo que ha permitido eliminar trabajos altamente riesgosos, mejorar la productividad y elevar los estándares de seguridad.
Tecnología para una seguridad proactiva y predictiva
De cara al futuro, el ingeniero sostiene que la tecnología ya no es una opción, sino una necesidad. La minería moderna enfrenta entornos cada vez más complejos, donde los riesgos no solo son físicos, sino también digitales y sistémicos. Sensores inteligentes, inteligencia artificial, análisis de grandes volúmenes de datos, realidad virtual y sistemas avanzados de gestión están transformando la seguridad reactiva en una seguridad proactiva y predictiva.
Las empresas que incorporan estas herramientas, explica, logran mejores resultados en la prevención de accidentes, una identificación más temprana de peligros y una toma de decisiones basada en evidencias. Todo ello redunda en mayor eficiencia, competitividad y valor para el negocio.
Llamado a compartir experiencias
En un contexto donde las estadísticas de accidentes mortales muestran una tendencia a la baja, aunque persisten desafíos críticos como la caída de rocas, la interacción con equipos de transporte y la protección respiratoria, Rosas exhorta a focalizar los esfuerzos de mejora en las causas que concentran la mayor parte de los eventos graves, aplicando el principio de Pareto.
El miembro del jurado evaluador extendió una invitación a las empresas mineras, contratistas y socios estratégicos a presentar sus proyectos en el XI Concurso Internacional de Mejores Prácticas de Seguridad y Salud Ocupacional, cuya fecha límite de entrega es el 30 de enero de 2026. El objetivo, subrayó, es seguir elevando los estándares, fortalecer la cultura de seguridad y avanzar hacia una minería cada vez más segura, confiable y productiva.

Deja una respuesta