Un repunte silencioso de casos en países desarrollados y una brecha crítica en la región movilizan a expertos en salud ocupacional. El Observatorio Internacional de Neumoconiosis, con sede en Latinoamérica, lidera la lucha desde un enfoque científico, preventivo e interdisciplinario.
En un contexto global en el que las enfermedades respiratorias laborales parecían estar bajo control, una amenaza antigua vuelve a emerger con fuerza: la neumoconiosis. Esta patología pulmonar, causada principalmente por la inhalación de polvo con sílice libre cristalino, está resurgiendo incluso en países desarrollados, como Inglaterra, Australia, España e Italia, lo que ha encendido las alarmas de la comunidad médica y minera internacional.
Durante la Jornada de Seguridad organizada por el Instituto de Seguridad Minera-ISEM, el Observatorio Internacional de Neumoconiosis (OIN) presentó un análisis profundo sobre la situación actual, desafíos y avances en torno a esta enfermedad que afecta principalmente a trabajadores del sector minero, pero también a industrias como la construcción, manufactura de piedra artificial, producción de aluminio, entre otras.
El OIN es una entidad independiente, sin fines de lucro y de carácter científico, que reúne a profesionales de diversas disciplinas: médicos neumólogos, radiólogos, ingenieros, higienistas, abogados laborales, arquitectos y técnicos en prevención. Fue fundado en Chile y ha logrado extenderse a los cinco continentes en apenas unos años, estableciendo alianzas con universidades, centros médicos y organizaciones internacionales.
El doctor Diemen Delgado, director general del OIN y reconocido especialista internacional, abrió la jornada destacando el carácter interdisciplinario del observatorio: “No solo hablamos entre médicos; hablamos con quienes diseñan, ejecutan, fiscalizan y regulan los entornos laborales. Necesitamos que todos los actores se involucren en la prevención”, afirmó.
¿Por qué está resurgiendo?
La neumoconiosis es un conjunto de enfermedades pulmonares provocadas por la acumulación de partículas inorgánicas —principalmente sílice, carbón o asbesto— en los pulmones. Uno de sus tipos más conocidos es la silicosis, que puede causar fibrosis pulmonar progresiva, insuficiencia respiratoria y, en algunos casos, cáncer de pulmón.
Lo preocupante es que, a pesar del conocimiento acumulado y las regulaciones existentes, los casos están aumentando, sobre todo debido a nuevas formas de exposición laboral, como la fabricación de piedra artificial para cocinas (que contiene altos niveles de sílice) o la industria textil, donde se emplean técnicas abrasivas para dar efectos de desgaste a las prendas.
“En sectores informales, donde no hay control alguno, uno de cada tres trabajadores puede desarrollar silicosis. Es una tragedia de salud pública invisible”, advirtió el doctor Carlos Iván Ceballos, director del capítulo Perú del Observatorio.
América Latina: entre el avance técnico y el subregistro
En países como Chile y Perú, la minería ha desarrollado protocolos y tecnología que permiten controlar mejor el polvo en suspensión. No obstante, el subregistro de casos sigue siendo crítico, especialmente fuera del sector formal.
Según datos presentados por el OIN, más de 230 millones de personas en el mundo están expuestas a sílice, y el 18% de ellas pertenecen al sector minero. Solo China e India concentran más de 35 millones de estos trabajadores. En el Perú, se estima que el tiempo promedio entre la exposición y el diagnóstico de silicosis es de 22 años, lo que complica su seguimiento y tratamiento.
“La curva oficial muestra una tendencia a la baja, pero no refleja la realidad completa. Hay un enorme subregistro, sobre todo en sectores informales o no mineros, como la construcción o la manufactura de materiales abrasivos”, señaló Ceballos.
Normas, prevención y nuevos desafíos
Uno de los avances más importantes en Perú es la actualización de la norma de calificación de invalidez laboral publicada en 2024. Esta nueva normativa establece que los casos de silicosis deberán ser evaluados no solo con radiografías, sino también mediante estudios funcionales como espirometría y difusión de monóxido de carbono, lo cual representa un cambio significativo en los criterios de diagnóstico y compensación laboral.
El Perú ha adoptado el límite máximo permisible de exposición a sílice de 0.025 mg/m³, uno de los más bajos del mundo, alineado con los estándares de la ACGIH. Sin embargo, como advirtieron los expertos, estos límites deben ajustarse según condiciones geográficas como la altura. Estudios chilenos han demostrado que la exposición en zonas altoandinas puede ser más dañina incluso con concentraciones bajas, debido a la hipoxia ambiental.
Tecnología al servicio de la prevención
Uno de los aspectos más prometedores en la lucha contra la neumoconiosis es la incorporación de nuevas tecnologías. Durante el evento, se presentaron innovaciones que ya están en fase de prueba o implementación en minas de Chile y Perú:
- Sensores en tiempo real para medir concentraciones de sílice en ambientes laborales.
- Narices electrónicas que detectan compuestos en la exhalación de los trabajadores.
- Inteligencia artificial aplicada al diagnóstico, mediante algoritmos de aprendizaje automático para interpretar radiografías y tomografías.
- Biomarcadores que podrían anticipar daños pulmonares antes de que sean visibles.
La medicina también avanza hacia tratamientos antifibróticos y trasplantes pulmonares, que antes eran impensables para pacientes con silicosis avanzada.
Informalidad: la deuda pendiente
Uno de los segmentos más vulnerables es el de los trabajadores informales o de pequeña minería artesanal, que en muchos casos operan sin ningún tipo de protección ni supervisión estatal. Según la revista médica británica The Lancet, entre 43 y 64 millones de personas en el mundo trabajan en este tipo de minería, con prevalencias de silicosis que alcanzan hasta el 33%.
“Esta población está completamente desprotegida. Las medidas de seguridad no existen. No tienen acceso a diagnóstico ni tratamiento. Es urgente que las políticas públicas aborden esta realidad”, afirmó Ceballos.
Meta global: erradicar la silicosis para 2030
El Observatorio Internacional de Neumoconiosis ha asumido el ambicioso reto de erradicar la silicosis como enfermedad laboral para el año 2030, una meta alineada con la visión de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Para lograrlo, hace un llamado abierto a todos los actores: desde gobiernos y empresas, hasta sindicatos, universidades, medios de comunicación y trabajadores.
La neumoconiosis —y en particular la silicosis— no es una enfermedad del pasado. Es una amenaza latente y creciente. Su combate requiere prevención, tecnología, legislación moderna y compromiso colectivo. “La salud ocupacional no es tarea de unos pocos. Es un deber colectivo. Y si no actuamos ahora, estaremos enfrentando una epidemia laboral silenciosa pero devastadora”, concluyó el Dr. Delgado.

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