Una ponencia técnica sobre la criticidad de los Equipos de Protección Respiratoria (EPR) y las severas consecuencias que enfrentan las empresas al adquirir productos no estandarizados, ofreció el Dr. José Valle, Jefe de SSOMAC del Instituto de Seguridad Minera (ISEM), integrante de la “Coalición por un Perú de Largo Aliento”. Durante su intervención, Valle enfatizó que la seguridad no puede depender de un ahorro mal gestionado en la logística, ya que la salud de los trabajadores está en juego.
El Dr. Valle recordó que, según la pirámide de efectividad de controles de riesgo, los equipos de protección personal representan la última línea de defensa. Explicó que si una organización no implementa medidas de eliminación, sustitución o controles de ingeniería para reducir el polvo, la vulnerabilidad del trabajador es absoluta si el EPR falla. El experto citó datos anatómicos impactantes: un pulmón humano posee entre 300 y 500 millones de alvéolos, lo que equivale a una superficie de contacto de hasta 100 metros cuadrados, un área inmensa expuesta si la barrera de protección es deficiente.
Un punto central de la ponencia fue el riesgo específico en el sector minero, donde más de 230,000 trabajadores están expuestos a contaminantes. Valle señaló que trabajar a altitudes superiores a los 3,500 msnm altera las tasas de depositación de polvo y, sumado al trabajo físico pesado que consume hasta 4,500 calorías diarias, incrementa drásticamente la inhalación de partículas nocivas. En este entorno, el cumplimiento de estándares como la Ley N° 29783 y el DS 024-2016-EM es un imperativo ético. El especialista instó a las empresas a utilizar herramientas de gestión como la matriz IPERC para identificar peligros y evaluar riesgos de forma rigurosa.
Valle presentó evidencias sobre la peligrosidad de los equipos falsificados. Estudios en laboratorios como el NPPTL de NIOSH revelaron que el 95% de los componentes en ciertos respiradores adquiridos online eran fraudulentos y que cartuchos químicos falsos presentaron fugas masivas de agentes tóxicos en menos de cinco minutos.
Técnicamente, mientras los equipos originales usan tecnología Melt-Blown con carga electrostática para filtrar partículas mediante el «movimiento browniano» (modelado matemáticamente por Einstein), las imitaciones operan por bloqueo físico ineficiente. Peor aún, el uso de materiales de baja calidad provoca que el trabajador inhale micropartículas plásticas degradadas del propio equipo.
Valle también criticó los diseños con lazos a las orejas (ear loops), aclarando que biomecánicamente el pabellón auricular no soporta la tensión necesaria para un sellado hermético contra presiones negativas.
La ponencia advirtió que el suministro de imitaciones induce una «falsa sensación de seguridad». La SUNAFIL cataloga la falta de equipos certificados como una infacción muy grave, con multas que han llegado a las 50 UIT en casos recientes.
No obstante, la advertencia más grave fue sobre la responsabilidad penal. Según el Artículo 168-A del Código Penal, si se demuestra inobservancia de las normas de seguridad (como comprar imitaciones para ahorrar presupuesto), los gerentes de logística y administradores pueden enfrentar penas de 4 a 8 años de cárcel efectiva si ocurre una muerte o lesión grave.
Valle presentó el modelo del «Iceberg de costos», señalando que un ahorro del 30% en la orden de compra es una ilusión financiera. Los costos médicos, legales por responsabilidad civil (lucro cesante) y operativos por pérdida de personal experto superan con creces el precio de un equipo original.

Deja una respuesta